Extremadura, la tributación menos atractiva del país

No siempre es positivo encabezar las listas. En el último estudio sobre fiscalidad regional y foral que presentó el pasado lunes el Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) Extremadura aparece como la comunidad con la tributación menos atractiva del país.  

Desde el IRPF al Impuesto de Patrimonio en Extremadura

En el caso de IRPF, vamos a la cabeza en los salarios medios-altos, tramos de 45.000 y 70.000. Entre los impuestos sobre el Patrimonio, sin tener en cuenta los 300.000 euros exentos de la vivienda habitual, Aragón, Cataluña y Extremadura aplican el mayor gravamen en activos valorados en 800.000 euros. Extremadura aplica el impuesto más altos en patrimonio de 4 y 15 millones, mientras que en lugares como Madrid se ha eliminado este tributo. En cuanto a los impuestos propios, Extremadura cuenta con el Impuesto sobre Aprovechamientos Cinegéticos o el Canon de Saneamiento.

A mayor carga fiscal, más dinero en “B”

Hace unos meses escribía sobre la economía sumergida en Extremadura. Hacía referencia a un artículo publicado por El País, donde explicaban que en áreas de poca infraestructuras y tejido empresarial, las pocas empresas que hay declaran menos del 50% de su facturación real. En autor del artículo destacaba el testimonio de un ganadero emprendedor extremeño, que reconocía que en la zona abunda la economía irregular en el sector de la agricultura, con grandes bolsas de empleo informal no declarado. 

Extremadura, 35 años sin cambios

Los datos de la carga fiscal en Extremadura me sorprenden. Con índices tan altos de desempleo y emigración, Extremadura debería estar centrada en ser atractiva fiscalmente y en atraer empresas. Yo no soy economista, pero mi sentido común me dice que no estamos haciendo las cosas bien. Castigamos fiscalmente a las personas con mayor renta, a las que heredan bienes de sus familiares y luego nos quejamos por la despoblación de nuestros pueblos. 

La conclusión es muy simple y matemática. Si usando las políticas de siempre, obtenemos resultados pocos satisfactorios, eso nos lleva al cambio de estrategias. ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?  Hemos crecido en una sociedad de “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”,  pero es mucho mejor arriesgar, que tropezar  con la misma piedra.